La tarea
Cuando empezamos a recibir material de oceanógrafos, ornitólogos y cartógrafos aficionados, cada envío llegaba en un formato distinto: notas manuscritas, tablas de corrientes en hojas de cálculo, fotos de cuadernos de campo. El portal de incorporación tenía que resolver un problema muy terrenal: que una fuente nueva pudiera entregar su material sin que nosotros tuviéramos que reconstruir el contexto cada vez.
El enfoque
En lugar de diseñar un formulario largo, planteamos tres pasos: identificación de la fuente, tipo de material y nivel de verificación. Cada paso pedía lo mínimo necesario para que el archivo siguiera siendo legible dentro de cinco años. La decisión más discutida fue no pedir conclusiones, solo observaciones y su fecha. Eso obligó a reescribir varias fichas ya existentes y a separar lo que era dato de lo que era interpretación.
Cómo se implementó
Trabajamos por bloques temáticos: geología, corrientes, aves y navegación. Cada bloque tiene su propia plantilla de entrada, pero comparten un mismo encabezado con autor, fecha de observación y zona del Estrecho. Los materiales se revisan en dos rondas: una de coherencia interna y otra de contraste con fuentes ya publicadas. Cuando hay discrepancia, se anota en la ficha en vez de borrarla, porque el desacuerdo también es información útil.
El resultado
El portal no eliminó el trabajo manual, pero sí redujo las preguntas repetidas y los correos de ida y vuelta. Hoy una colaboración nueva tarda menos en quedar integrada y, sobre todo, deja rastro de quién aportó qué. La parte menos vistosa fue la más útil: un índice de fuentes que permite volver atrás y comprobar de dónde salió cada afirmación sobre el Estrecho.